viernes, 11 de septiembre de 2009

Tuve un sueño...

La otra noche tuve un sueño. Soñé que iba a una fiesta llena de gente, que bailaba y bailaba sin parar y sin control. No era yo el que pasaba la música, por lo que cada dos por tres, encontraba algo que no me gustaba.

Pero... en algún momento de la noche, dejé de estar seguro y comencé a dudar: ¿era todo un sueño o era real? El filo entre realidad y sueño es tan fino, ¿quién puede decirme con certeza que ahora no estoy soñando y que "ese" sueño fue o no fue real?

Soñe que encontraba a una mujer hermosa, más hermosa que cualquier otra; la conocía, pero no podía recordar de donde; ella se acercó, me llamó por mi nombre y me dio algo de comer en la boca, algo dulce... Intercambiamos unas palabras, no recuerdo bien de qué hablamos... pero antes de darme cuenta había desaparecido. Por eso debió ser un sueño, la gente normal, la de carne y hueso, no desaparece. Aunque puedo pensar que se perdió entre la multitud... pero la gente normal, la de carne y hueso no se mezcla entre la multitud después de darle algo dulce en la boca a alguien... ¿o si?

No importa... La otra noche tuve un sueño en donde una mujer hermosa, la más hermosa, me daba algo dulce en la boca... entonces desperté.-

lunes, 14 de julio de 2008

Mangocho buen alumno (1)

¿Quién no ha estado enamorado alguna vez? ¿Quién no ha sido niño alguna vez? Ambas respuestas son las mismas para millones de personas, y Mangocho es una de ellas. Mangocho fue niño, todo lo niño que pudo ser y durante todo el tiempo que pudo serlo. Nunca tuvo vergüenza de ser niño, por qué tenerla, pero el tema del amor es otra cosa... enamorarse es otra cosa.

Mangocho jugó con autitos hasta casi los doce... o los trece, él coleccionaba autitos (de colección) de dos o tres marcas, la mayoría era Matchbox (importado) y alguno que otro era Buby (nacional), tenía cientos. Había comenzado a coleccionar a eso de los cinco años, en Primer Grado el Director de la Escuela (de la que no recuerdo el nombre) le había regalado un camión bombero (camión de bomberos) rojo (obvio) por buen comportamiento... en esa escuela te regalaban un juguete (un autito si eras varón) si te portabas bien, y el Mangocho del que hablo siempre se portaba bien.

No tengo muchos recuerdos de la escuela de Mangocho, esa escuela en Buenos Aires; pero sí de su segunda escuela -la María Josefa Bustos- en La Cumbre, donde hizo hasta el Séptimo Grado. Mangocho me contó muchas cosas de la escuela "fiscal", que en general fue buena parte en la vida de Mangocho, como lo fueran sus múltiples enamoramientos... ¿se enamoró de su maestra como el 99% de los niños? creo que no, nunca me lo contó, pero sí vivió enamorado hasta el día de su partida. Mangocho era un eterno enamorado y espero que eso lo recuerden siempre, eso hubiera querido él.-

lunes, 26 de febrero de 2007

Mangocho

Cuando yo era niño era común pasarse horas leyendo o bien jugando a "la pelota". En mi caso, que nunca fui muy talentoso con el balón, pasé horas y horas de mi infancia leyendo. Uno de los libros que recuerdo, y que aún conservo, es Mangocho de Constancio C. Vigil - Editorial Atlántida S.A. con fecha de publicación (la de mi ejemplar) de julio de 1957...

Vengo de familia de escritores en el sentido estricto de la palabra. Mi abuelo no solo escribía para Caras y Caretas sino que también se atrevió a ser un gran lector y leer cientos de libros que, por amor, encuadernó en cuero y formó así, la colección que hoy descansa en mi biblioteca. Mi tío, su hijo, escribe obras de teatro, algunas muy exitosas y otras no tanto; pero también tuvo la suerte de pasar por la Revista Hortensia (humor cordobés) y por la Revista Humor, lamentáblemente ambas desaparecidas.

Para todos aquellos que no han tenido la suerte de leer Mangocho, tengo pensado postear algunos fragmentos imborrables, aunque la idea de este humilde blog es la de dejar "inmortalizadas" algunas de mis letras más trasnochadas; aquellas que se atrevieron a hablar (o gritar) solo una vez; aquellas que murieron en el papel; aquellas que duermen en hojas amarillentas, en algún cuaderno, en algún cajón. Quizás ésta sea la última oportunidad, su oportunidad, de dejarse leer... y hacernos soñar... "Mangocho es un niño que ha existido y que fue tal como aquí se dice. Fue un niño como todos, y por ello este libro es historia verdadera de la infancia".

Dedico este blog al niño que fuimos, y al niño que, gracias a Dios, algunos todavía llevamos dentro.

Adrián.-